Cristo

“Escogeos hoy a quién sirváis…pero yo y mi casa serviremos a Jehová”          (Josué 24:15).

Todos llegamos a un punto de la vida en que tenemos que elegir. Sin importar edad, sexo, nivel académico, nacionalidad, etc. Tú, tus amigos, tu familia. En fin.

Y una de las áreas que tenemos que mostrar determinación, coraje y arrojo en la elección es la vida espiritual. Recapitulemos algunos eventos en la historia del hombre y la relación, se quiera o no que tenían con su Creador:

El pecado de Adán y Eva también afectó a la voluntad de ellos. ¿Se da cuenta de que podían hacer solamente una mala elección en el jardín de Edén? Todo estaba bien excepto comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 2:16,17).

Tenían la posibilidad de hacer miles de buenas elecciones y solamente una mala.

¡Una sola!

Sin embargo, hicieron esa mala elección en su oportunidad y, como resultado, nosotros enfrentamos a diario miles de decisiones buenas y malas. Nosotros podemos optar por orar o no orar, leer o no la Biblia, ir o no a la iglesia. Tu puede escoger caminar conforme a la carne o según el Espíritu. Tu y yo enfrentamos a diario incontables decisiones como esas y muchas veces tomamos las malas.

El mayor poder que tienes en tu vida (aparte del Espíritu Santo) es el de elegir. Alguien ha dicho que el puro cristianismo reside en ejercer la voluntad. El reino animal opera por instinto divino, pero nosotros somos creados a imagen de Dios, lo que significa que tenemos una voluntad independiente que opera por sí misma. La esencia de la tentación es funcionar independientemente de Dios. La base de la tentación son las necesidades legítimas.

La conducta pecadora suele ser el intento malo para satisfacer las necesidades básicas. Aquí realmente se trata de si tu vas a satisfacer tus necesidades mediante el mundo, la carne y el diablo o ¿va a dejar que Dios satisfaga todas sus necesidades de acuerdo a sus gloriosas riquezas en Cristo Jesús? (Filipenses 4:19).

Esto es cosa de identidad y madurez. Mientras más entiendas tu identidad en Cristo, más crecerás y maduraras. Mientras más maduro te vuelvas, más fácil te será optar por llevar una vida dependiendo de tu Padre celestial.

Decídelo y compruébalo.

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