Amor

Atender a los niños en la iglesia, no es entretenerlos. Es ministrarles y enseñarles de las verdades del Reino de Dios. En Casa de la Presencia de Dios, sabemos que ser maestro de niños, es un llamado. Y el llamado, siempre vendrá del cielo.
Por eso dejamos estos tips pedagógicos para que nuestro ministerio infantil y  todos aquellos que lleguen a esta pagina, sean desafiados a servir a Dios de la mejor manera.

Alguien ha dicho que “El maestro nace, no se hace”. Nosotros dudamos que esto sea cierto: la herencia aporta su contribución a cada vida, pero no tanto que no pueda ser neutralizada por el ambiente y la personalidad. Lo que a menudo se cree que es un don afortunado es en realidad una habilidad adquirida. El éxito del maestro depende en gran parte del entusiasmo que ponga en su tarea, el amor a sus alumnos y la dedicación en su preparación. Todas estas características pueden adquirirse.

Al enseñar una lección, se encontrará que la presentación acertada es, en gran parte, el resultado de la preparación tesonera. Todos los que están dispuestos a dejarse guiar y corregir por los principios reconocidos de la pedagogía, pueden asegurarse el éxito de la enseñanza.

Algunos preguntan: ¿No está en conflicto esto con la obra del Espíritu Santo? ¿No debe ser guiado el maestro por el Espíritu Santo a quien ha entregado su vida? ¿No deshonra al Espíritu Santo el maestro que busca ser guiado por las leyes de pedagogía? De ninguna manera. Nosotros no ofendemos al Espíritu Santo al obedecer las leyes de la gravedad. No deshonramos al Espíritu Santo al estudiar las leyes que gobiernan el funcionamiento de la mente humana. Nadie estuvo más sujeto al Espíritu Santo que el Señor Jesucristo, y sin embargo, nadie observó más cuidadosamente las leyes de la pedagogía.

Es cierto que El no escribió un tratado sobre la técnica de la enseñanza, y hasta donde sabemos, no existía ninguno en sus días. Es evidente, a pesar de ello, que Él y los pedagogos de su día eran verdaderos maestros en el arte y la práctica de la enseñanza. Las siete reglas de la enseñanza de John Milton Gregory no solamente encierran los principios de pedagogía empleados por nuestro Señor, sino que constituyen las mejores reglas para valorar el trabajo de un maestro.

Ley 1: La ley del Maestro

Conozca clara y familiarmente aquello que desea transmitir, hacia delante y hacia atrás.

El conocimiento le permitirá ser entusiasta y estar preparado.

Ley 2: La ley del discípulo

Gane y mantenga la atención y el interés de las personas en el contenido de la enseñanza. No trate de transmitir si no hay atención.

Los mejores entrenadores saben que el entendimiento mutuo con la audiencia es esencial para el éxito.

Mantener el interés de los entrenados requiere interacción, técnicas de presentación variadas e información relevante para sus necesidades.

Ley 3: La Ley del Lenguaje

Use términos con el mismo contenido significativo para usted y para los participantes. Usar un lenguaje común es muy importante.

Los buenos entrenadores evitan la jerga y las siglas que pueden no ser familiares para todos. Usar imágenes y elementos visuales para ilustrar cada punto puede mejorar la unidad de comprensión. Y siempre hágalo de manera simple.

Ley 4: La Ley de la Lección

Comience con aquellos elementos del tema que ya son bien conocidos para los presentes y proceda con el material nuevo en pasos simples, pequeños y naturales.

Los entrenadores experimentados comprenden la importancia de unir nueva información con aquello que la audiencia ya conoce.

Ayúdelos a ver las formas en las que el nuevo contenido se aplicará a sus experiencias de vida y futuros desafíos.

Ley 5: La Ley del Proceso de Enseñanza

Enseñar es estimular. En consecuencia, estimule la mente de sus alumnos para actuar.

Una técnica de entrenamiento absolutamente beneficiosa es focalizarse en el auto-aprendizaje y el descubrimiento.

Llevar luego esos tópicos a la vida y el hogar de cada uno de los participantes hará del aprendizaje una actividad con sentido.

Ley 6: La Ley del Proceso de Aprendizaje

Requiere del participante revisar internamente aquello que ha aprendido, en sus variadas fases y aplicaciones hasta poder expresarlo en sus propias palabras.

El verdadero aprendizaje proviene del hacer, no tan solo del escuchar.

Ley 7: La Ley del Repaso y la Aplicación

Revisar, revisar y revisar, profundizando su impresión con nuevos pensamientos, uniendo todo con significados adicionales, encontrando nuevas aplicaciones, corrigiendo las miradas erróneas y buscando verdades compartidas. Los entrenadores con experiencia ven el valor de la revisión al final de sus presentaciones.

Follow us: