Hay momentos tan sublimes. Tan profundos y llenos de paz. Donde la voz de Dios penetra en lo profundo de nuestro espíritu. Donde el Espíritu Santo abraza a nuestro espíritu con tanto amor, con tanta ternura, con tanto anhelo que resulta indescriptible. Es allí donde el silbo apacible llena la atmósfera. Donde ese silbo reconforta, consolida la esperanza y llena de amor.

Esos han sido los momentos en Casa. ¡Ven! Compruébalo y permite que el Espíritu te abrace.

“no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

Heb. 10:25

Casa de la Presencia de Dios

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