Cristo

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

No hay escrito mas personal y tierno que comenzar leyendo “hijitos míos…”, hoy escribimos unas sencillas líneas abordando el tema de un círculo vicioso tan común en miles de chicos.

Leamos:

Tu, como ser humano, con alma, cuerpo y espíritu, puedes buscar o no una vida espiritual. Puedes asistir con todo tu corazón a la iglesia a dar adoración a Dios o viniste forzado. Si eres de los que buscan con todo su ser, debes tener momentos nada agradables y que te impiden continuar debido a una resaca culposa. Este estilo de “cristianismo” ha creado una forma de vivir la vida cristiana. No es correcta, pero así se conformaron a vivir: “peca-confiesa-peca-confiesa-peca-confiesa”.

Las personas apresadas en el ciclo del “peca-confiesa-peca-confiesa-peca-confiesa” terminan por perder las esperanzas de poder, alguna vez, experimentar alguna victoria real sobre el pecado. La sola fuerza de voluntad no puede impedirles repetir el pecado que acaban de confesar; Satanás derrama la condenación sobre ellas. El dominio propio parece una ilusión y la vida cristiana es un continuo sube y baja.

Chequemos esto: Supongamos, ahora, que hay una puerta que se nos mandó no abrir. Al otro lado de la puerta hay un perro que insiste repetidamente, «vamos, déjame entrar. Todos me dejan pasar. Te puedes pasar un buen rato ¿Quién se va a enterar? Nadie se dará cuenta. No pasa nada. Todos lo hacen. Después le pides perdón a Dios». Usted abre la puerta y el perro entra rugiendo y le muerde la pierna; este perro cambia su cuento irónica e instantáneamente grita: me abriste; yo tengo derecho a estar a aquí, ¡Nunca te saldrás con la tuya pues no te soltare»

Si esto te pasara, ¿golpearías al perro o te golpearías a ti mismo?

El pecado al cual permitimos reinar es como el perro que muerde la pierna sin soltarla. Nosotros no nos damos cuenta de que hay un perro, y nos golpeamos a nosotros por haber abierto la puerta y clamamos con agobio a Dios para que nos perdone. Dios nos perdona, pero el perro sigue allí. ¿Por qué no clamar a Dios y golpear al perro en vez de pegarnos solos? Ojo, la expresión “golpearnos a nosotros mismos” se refiere a castigarnos con la culpa permanentemente.

Santiago 4:7 nos dice «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huira de vosotros».

Tenemos la razón al confesar nuestro pecado, pero fracasamos al no aplicar la formula bíblica completa que rompe el ciclo: peca-confiesa-resiste. Mira la formula:

  • Primero debemos asumir la responsabilidad por haber abierto la puerta,

  • luego, debemos resistir a Satanás ordenándole irse si queremos triunfar sobre el pecado. Vivimos como si Dios y la humanidad enferma fueran las únicas realidades del reino espiritual.

  • Debemos volvernos a nuestro justo Abogado (1 Juan 2:1)

  • y resistir a nuestro pervertido adversario si queremos triunfar sobre la tentación y el pecado y ser libres.

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