Iglesia

Hablemos con la verdad, en esta temporada, si hablamos de buenos deseos, seamos honestos, más allá de si los cristianos debemos o no de celebrar la navidad, o que si Jesús  nació o no nació  el veinticinco de diciembre, que si fue Constantino emperador romano quien, para congraciarse con los cristianos, el que determinó que esa fecha fuera tomada como oficial, para que el mundo cristiano celebrara el nacimiento del Mesías.

Cristianos más radicales toman esa fecha como demoníaca, y creo que con fundamentos sólidos, ya que según estudios muy serios se argumenta que se celebra más bien una fiesta pagana al dios sol, dado que se realiza el solsticio de invierno, y además se celebra el nacimiento de Tamúz , hijo de Semirámis la esposa de Nimrod.

Usted puede leer la historia de éste personaje, que la Biblia describe como un poderoso cazador delante de Dios, o contra Dios en el libro de (Génesis, cap. 10:8-9). Nimrod fue fundador de seis ciudades, incluyendo Babel y Nínive, en la antigua Mesopotamia.

Mas en éste día él no es nuestro objeto de análisis, ni siquiera la navidad, sino lo que hay en nuestro corazón.

En el día de navidad tristemente, comienzan a aparecer sentimientos muy nefastos en nosotros, que lejos de abonar y contribuir a la unidad de la familia, parece que vienen solo a sacar lo peor de nosotros con resentimientos y falta de perdón.

Lamentablemente si ya la madre nuestra no se encuentra entre nosotros, y ella era el motor de “unidad” en la familia, una vez que ésta falta, salen a relucir los resentimientos y los rencores y por ende la división, ya que ante la falta de un corazón imbuido del amor de Dios, lo que aparecerá como carcoma es el espíritu de resentimiento y de falta de perdón.

Porque mejor en vez de estar pensando en dar objetos y siguiendo con la corriente mercantilista, no regalamos de todo corazón perdón y nos regalamos libertad a nosotros mismos de sentimientos tan destructivos, no solo de la salud física, sino de nuestra salud mental y espiritual, al perdonar y además auto perdonarnos a nosotros mismos.

Cerrar el año siendo libres de cadenas de resentimiento, de amargura, y de falta de perdón, nos llevará a un inicio de año sin ataduras y en plena libertad para recibir del Padre todo aquello que tiene para nosotros tanto, tanto en bendiciones físicas como espirituales.

No permitamos que el enemigo de nuestras almas sea el que gane, al robarte tu herencia espiritual, llenarte de enojo y después de condenación, porque créemelo, es especialista en acusar y condenar a los hermanos y después lo volteará contra ti para hacerte sentir miserable y no digno de recibir de parte de Dios tu bendición.

No caigamos en su juego, perdona y acepta el perdón que te ofrezcan quienes te ofendieron. Mira a través de los ojos de Jesús, tal y como él miro a los que lo traspasaban en esa Cruz y solo hizo lo que tú, y yo debemos de hacer, perdonar y justificar a quienes nos hayan ofendido y no retener en nuestro corazón la ofensa.

Dios bendiga sus hogares.

Desde mi Corazón: Lupita Prado

Follow us: