“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13).

Nada echa a perder nuestras relaciones más rápido que destacar nuestros derechos por sobre nuestros deberes. Por ejemplo, el marido regaña a su esposa porque creer tener el derecho a esperar que ella se le someta. La esposa puede retar a su esposo porque espera que él sea el líder espiritual. Los padres reprenden a sus hijos porque sienten que tienen el derecho a exigir obediencia. Los miembros de las iglesias se ofenden cuando piensan que el pastor, las juntas directivas u otros miembros han violado sus derechos.

Cuando las personas insisten en sus derechos en cualquier momento y a expensas de no asumir sus responsabilidades, van derecho a la derrota. Por ejemplo, una señora embarazada puede exigir su derecho a abortar; dirá que es su cuerpo y que puede hacer lo que quiera con su cuerpo; luego, ¡procede a demostrar su irresponsable uso del cuerpo a todos! No tenemos aquí un problema de aborto sino un problema de relaciones sexuales irresponsables.

Nuestro foco debe ponerse en el sistema de Dios y en el cumplimiento de nuestros deberes, no en insistir en nuestros derechos.

Marido, no tienes derecho a tener una esposa sumisa sino que debes, ser un esposo amante y afectuoso. Ser cabeza no es un derecho que se exige sino una abrumadora responsabilidad que uno debe cumplir.

De manera similar, las esposas no tienen derecho a tener un esposo espiritual sino que la responsabilidad de ustedes es la de ser una esposa sumisa que lo apoye.

Padres, no tienen derecho a criar hijos obedientes sino que son responsables por disciplinarlos en la crianza e instrucción del Señor.

Ser miembro del Cuerpo de Cristo y de una iglesia en particular es un privilegio increíble, no un derecho. Este privilegio viene junto con la sobrecogedora responsabilidad de conducirse como hijos de Dios y llegar a amar al prójimo.

Cuando estemos ante Cristo, Él no nos preguntará si recibimos todo aquello a que teníamos derecho sino que nos recompensará por lo bien que hayamos desempeñado nuestras debidas responsabilidades.

Tenemos mucho por aprender. Mucho por hacer. Mucho por amar. Mucho por lo cual servir.

Bendiciones.

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