Hace poco en mi iglesia él Señor nuestro Dios nos dio una palabra profética muy poderosa, nos decía que había caído la reina del cielo, obviamente toda la iglesia estallo en jubilo y la alegría en todos nosotros era evidente. Lo habíamos orado por años, y días después del evento de las ochenta horas de oración por Morelia el Señor nos alegró con esta palabra.

Todos hemos recibido la palabra profética y la hemos creído, como espero que tú amado lector también la creas.

El asunto aquí, es que en el corazón de la mayoría de los mexicanos este ídolo abominable sigue entronado. Estamos como el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, que viendo las maravillas, prodigios y señales manifiestas ante sus propios ojos hechas por Dios, cruzaron el Mar Rojo cargando a sus ídolos, los baales que traían de Egipto con ellos.

Pasaron del otro lado, y aún, viendo éste prodigio, ninguno arrojo los dioses al mar, sino que los llevaban más en el corazón, como hoy en día lo hacen los millones de mexicanos con el ídolo abominable guadalupano.

Cada noche con tristeza veo a mis vecinas salir haciendo el sacrificio de ir con la imagen de la virgen de Guadalupe rezando sus letanías y sus cánticos ancestrales por tradición, esperando así que todo el año que viene Dios les conceda favores por haber ellas cargado en sus hombros a “su madre”, y ésta a su vez interceda por ellos y sus familias.

Años son ya de orar por ellos y de no desfallecer en mi fe de que un día caiga de sus corazones, así como del corazón de todos los mexicanos la reina del cielo, como ya cayó en lo espiritual.

Dice la palabra de Dios en el libro del profeta Jeremías, en el capítulo 7:17-19, “¿Es que no ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?” “Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego y las mujeres preparan la masa para hacer tortas y ofrecérselas a la “reina del cielo”. También dan ofrendas de vino a otros dioses para provocar mi ira. Pero en realidad no es a mí a quién ellos están ofreciendo, sino así mismos para su propia vergüenza. Lo dice el Señor”.
Es así que en vez de recibir bendición de parte de Dios durante el año, solo recibimos como nación calamidades.

Es mi oración que Dios haga lo que ya hizo en lo espiritual, así sea hecho en los corazones de los mexicanos y latinoamericanos alrededor del mundo, que el orgullo de los mexicanos deje de ser llevar a otras partes del hemisferio sus ídolos y la cultura guadalupana, para vergüenza y confusión nuestra, y también dejemos de adoptar y rendir culto a deidades paganas de otras naciones, importando con ello maldiciones que se vuelven intercontinentales, acarreando con esto, la ira de Dios sobre nosotros.

 

Continuemos Intercediendo

Lupita Prado

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