Hola chicos, esta implícito en la Biblia que la “realidad” física que tus ojos ven, esta regida por la Realidad Espiritual. Veamos la siguiente cita:

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

Se que en la reflexión sobre la realidad que abraza a nuestra sociedad, hay momentos en que la esperanza se desvanece. Sin embargo, esta, la esperanza no es una expresión de deseos sino la certeza actual de un bien futuro: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Nosotros, los seres humanos queremos crear con nuestra fe. Nuestra fe no crea. El Creador es Dios. Nuestra fe, nos lleva a depositar la confianza total en el Creador. Eso es lo que enseña la Biblia. La Palabra no dice que podamos crear, pero si creer. Si en algún lado escuchas de una fe que crea, ten cuidado porque ese tipo de fe es metafísica, una fe a la carta, tal como lo enseña la Nueva Era. Nuestra fe, es ver lo que no se ve. No es crear, sino creer en el Creador.

 

La fe bíblica no es una preferencia de lo que nos gustará ver sino

el convencimiento de la realidad de lo invisible.

 

La fe bíblica nos capacita para ver la realidad del mundo espiritual en que vivimos actualmente, teniendo la seguridad del cielo. Solamente con esa clase de fe podemos decir, junto con Pablo: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Romanos 8:18).

 

El mundo invisible es más real que el mundo visible, según las Escrituras (Hebreos 11:3). La realidad final es espiritual, no física. Dios es espíritu. Cada cosa física que vemos es solamente temporal y perecedera (2 Corintios 4:18).

 

Cuando Jesús se apareció después de su resurrección a la asustada banda de discípulos, les mostró sus dos manos y su costado. Los discípulos informaron después a Tomás lo que habían visto pero éste respondió: «Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré». Tomás estaba decidido a caminar por la vista, no por fe. Lo único real para Tomás era lo que él podía ver.

 

Ocho días después Jesús volvió a aparecer y le dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27). Tomás respondió: «¡Señor mío, y Dios mío! (versículo 28). Entonces Jesús bendijo a los que creemos sin ver: “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (versículo 29).

 

El objeto de nuestra fe no es la realidad tangible de este mundo físico. El objeto de nuestra fe es el invisible Dios y su Palabra revelada.

 

Interesante, ¿no? La fe es sumamente extraordinaria. Una aventura mas alla del pensamiento. Una aventura muy por encima del guion exquisito de una cinta de Hollywood.

Y mas interesante aun: “Sin fe, es imposible agradar a Dios”.

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