Ver el dolor y la angustia reflejada en los rostros de miles de mujeres y hombres
en tiempos inciertos, donde todo se desploma ante nosotros y donde no podemos
hacer absolutamente nada, solo nos queda orar.

Pero me pregunto que hace que nosotras las madres, hijas, y abuelas
descuidemos el vallado de oración en medio de tanto ajetreo, de ir y venir, dejando
el tiempo de oración de lado, aun cuando sabemos que la oración es el muro de
protección sobre nuestros esposos, hijos, nietos y demás familia.

El señor dice en su palabra en el libro del profeta Isaías (Is. 32:9), “Mujeres
indolentes, levantaos, oid mi voz; hijas confiadas, escuchad mi razón”. Y en el
mismo libro en (Is. 32:11) dice: “Temblad, oh indolentes, turbaos, oh confiadas;
despojaos, desnudaos, ceñid los lomos con cilicio”.

También en el libro del profeta Amós, los cap. 6 y 7 hablan de una destrucción muy
fuerte, y quizá tu amada o amado lector puedas decir con asombro ¿Puede Dios
destruir la obra de sus manos, sin misericordia alguna’.

¡Dios no es destruidor, pero si le da permiso al diablo para destruir!, y es por causa
de nuestro pecado como nación, y la iglesia está plácidamente dormida.
La iglesia del Señor o que nos decimos así, se ha tirado a la complacencia e
indolencia, distrayéndonos en todo lo que ofrece el cine, la tecnología y otros
distractores más.

Mujer, si estás leyendo este artículo te digo, levantémonos, ya que el juicio de Dios
seguirá, hasta que México entero doble sus rodillas, hasta que clamemos y nos
arrepintamos de nuestros pecados.

México ya se había acostumbrado a la queja y crítica contra todo el sistema
político, pero se olvidó de la otra parte, la de pedir y rogar a tiempo y a destiempo
porque Dios nos diera autoridades justas, conforme a su corazón, y ahora vivimos
las consecuencias de nuestra indolencia y el vivir aletargados diciendo Jehová ni
ve y Jehová, ni oye.

Iglesia de todo México, tenemos que orar, tenemos que clamar porque la ira de
Dios se aparte de México, y esto será solo con arrepentimiento, reconociendo
nuestros pecados, que han sido contra nuestro DIOS, al inclinarnos al palo y a la
piedra diciéndole tú, eres mi dios.
Iglesia, es tiempo de lloro, ayuno y cilicio. Es tiempo de clamor, es tiempo de
unidad y no de división.

Te invitamos a unirte a nosotros, desde el lugar donde te encuentres, los días 17,
18, 19 y 20 de octubre, en un clamor durante 80 horas ininterrumpidas de
oración, por la nación.
Dejemos las denominaciones de lado, Cristo no vino a establecer
denominaciones, sino una iglesia unida y cohesionada entre sí, para tomar por
esposa a una novia limpia y resplandeciente, y no a una novia dividida o como
virgen insensata que se le acaba el aceite y que no es previsora.
Te animo a ayunar y a clamar por tu ciudad, y por toda la nación. Ora también por
otras naciones y por toda tu casa, no sea que un día te despiertes y alguno de los
tuyos ya no esté allí, porque preferiste dormir que velar en oración.

 

Por Lupita Prado Contreras

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