Dios conoce nuestro corazón, y no le gusta vernos afanados, ni turbados, ni ansiosos, pues esto no sólo significa vivir con duda y miedo, sino que invalida el poder del evangelio viviendo en nuestro corazón, demostramos la ausencia de respuestas de Dios y también de fe en él.

 

El cristiano promedio no ha logrado conquistar la paz.
Cristo dijo: Juan 14:27 “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.

He experimentado cambios drásticos en mi corazón, pasando de afán, enojo, aflicción y ansiedad, a Paz. En cuestión de horas, en cuestión de momentos, y por eso hoy sé que Dios nos deja su paz si sabemos pedirla, apropiarla y cuidarla.

¿Cómo lo logré?

Primero, reconocí que mi situación requería un urgente cambio, y que ese cambio yo no lo podía provocar. Deshacerme de la turbación sin haber podido lograrlo, me frustraba más. Así que fui al paso siguiente.

 

Segundo, oré, rogué a Dios que gobernara mi centro emocional, mental y mi corazón. No sólo oré por las circunstancias y problemas reales que me rodeaban y provocaban tanta preocupación, sino oré algo muy profundo: Si he de estar en esta circunstancia difícil más tiempo, por favor, gobierna tú mi corazón y mis sentimientos, para triunfar con alma y espíritu y vivir con paz.

 

Tercero, persistí. No fue en 5 minutos, pero sí en unos pocos días. Continué orando y creyendo, cediéndole al Espíritu Santo mi centro emocional, y mi incapacidad de componerme sin él. Le pedí Su Gobierno en mí.

 

Cuarto, fui sabia y guardé mi boca. No platicar la aflicción, a veces la disminuye. Y así fue perdiendo lugar en mi corazón también.

 

Quinto, Agradecí el cambio, por fe, por confianza, por conquista. Estoy mejor, estoy mejor, me dije, y daba gracias por su increíble intervención. El Espíritu Santo me ha cambiado no sólo en el rato de oración, sino aún dormida. He despertado totalmente diferente. Mi trabajo fue solo Orar, Creer, Persistir, Declarar lo nuevo, Agradecer, y entonces, sucedió en mi corazón, y también en mi entorno! Emané paz a los demás….

 

Filipenses 4:6 se hizo realidad: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

 

Que te haya sido de bendición.
Pastora Martha Valdiviezo Sandoval

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