“y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Mateo 18:3

 “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”. 1 Pedro 2:2

 

Los niños son limpios de corazón. No tienen maldad.
Confían en lo que se les promete
No dudan que sus madres o padres los cuidan en sus necesidades
Estar al lado de sus padres, es su seguridad. El seno de su madre les da la leche más limpia que hay.

 

Los niños no miden la vida por el dinero, sino por aprender, disfrutar, conocer, y valoran a quienes les aman y juegan con ellos. No importa si tienen o no dinero para darles.
Los niños dicen la verdad, no engañan ni conocen la hipocresía
Los niños duermen profundamente, sin preocupaciones ni afanes.

 

Se dejan alimentar de lo que sus padres les preparan, no reclaman ni exigen sus selecciones
Los niños no cuestionan si se puede o no se puede, si se juega o no, si se sueña o no, si se complica o no. Solo dan por hecho lo que anhelan, y son felices de saber que su anhelo lo pueden vivir.
Los niños son aptos para aprender, les gusta explorar, dóciles para conocer, absorben lo nuevo muy fácilmente.

 

Socializan igual con un niño mendigo, que con un niño rico. No juzgan, solo aprovechan el tiempo para jugar con quien pueden estar y pasar un buen rato. No descalifican, y cuando se enojan, en un pequeño rato, están como si nada, se les olvida la discusión por un juguete, o por cualquier otra cosa.

 

Los niños son el potencial de una vida, en forma de semilla. Para Dios, los niños espirituales somos un potencial.
A los adultos les digo: Desprogramen de su corazón la maldad, confíen en Dios, en el Padre que les cuida siempre. No mientan, no juzguen por dinero ni mientan ni desprecien. Dejen sus pastillas para dormir y para la ansiedad, coman sano, no se aferren a nada, y serán como niños. Rían y jueguen un poco cada día, no sean tan serios y cautelosos, no por eso, serán más felices.

 

Tengan fe, crean en un Dios que orienta y dirige sus sueños y metas. Un Dios y Padre bueno, que les cuida. Ese Dios, quita las cargas, y hace ligera la vida.
Y beban y deseen el alimento del Espíritu Santo, de la Biblia, leyendo y buscando limpiamente crecer para salvación eterna.
Y el Reino de los Cielos estará en su corazón. Y serán felices, como los niños.
Se puede, claro que se puede, por eso Cristo lo dijo.

Bendiciones…!

Pastora Martha

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